Madrugada
Tengo una maña tempranera que se me salta de vez en cuando. Me gusta escribir a horas de la madrugada, y creo que es porque se despiertan mis sentidos. Tal vez, sea el silencio de la casa, que hace eco y agoniza cada segundo, lo que me gusta. Hace unos 12 años y más no era capaz de quedarme despierto a esa hora en un lugar que no fuera mi cuarto. Vivía para entonces en una casa de 4 pisos y mi pieza quedaba en el último. Me daba pavor salir incluso a hacer chichi y prefería dejar prendida la tele toda la noche. Me acuerdo tanto que los sentidos se agudizaban automáticamente cuando sonaba un portazo que indicaba que mis papás ya se iban a acostar. De hecho, era mi madre quien cerraba la puerta, por ahí a las 10 y 40 de la noche, pues mi padre ya estaba en una etapa superior del sueño profundo, aquella en la que el mundo se acaba, lo más cercano a la muerte. Sí, era a las 10 y 40 cuando mis oídos empezaban a escuchar todo: el pelo que caía de mi cabeza y se acomodaba en la almohada, el eco de la cobija a la altura de los pies, que parecía el ruido de alguien más en el cuarto... ¿serán mis pies o serán sus pies? Más tardecito, el cuerpo sentía el viento como si fuese un brazo extendido de una persona que quería tomarme y llevarme a otra parte. Al cerrar los ojos me imaginaba esta escena, al abrirlos la veía. Los olores eran rancios, mi pecueca parecía una gran fábrica de quesos, el sonido de mis fosas nasales superaba la respiración de un gran mamífero. Para ese momento, la programación de la tele nacional había terminado. Las rayas a color se apoderaban de la tenebrosa pantalla y el ruidito inocente que salía de los parlantes, se extendía infinitamente como el pito del electrocardiograma que indica que un cuerpo ya no tiene territorio que ocupar sobre la tierra. Entonces sudaba, mucho, tanto como para quitarme de encima las cobijas ecuatorianas. Eran los minutos en los que podía comprobar que mis pies eran míos y no de la persona del lado.
Me dejo tentar por el ruido de las teclas. Algo se me ocurrirá cuando pase la medianoche y los sentidos recuerden que a esa hora ya estaba dormido hace unos 12 años. Seguro que algo se me ocurrirá.
Odonia. 21/07, 2006. 12:36 a.m
Dedicado a holly

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